Opinión
Fernandito en el infierno
Publicado
hace 6 mesesel
Por
Redacción
Guillermo Fabela Quiñones
Con apenas cinco años, Fernandito conoció el infierno que le esperaba de haber seguido con vida más tiempo. Su angustia, desesperación, impotencia, al ver que sus captores lo apartaban de su madre como si fueran hienas insaciables, sin comprender la causa, lo debe haber sumido en tal pánico que desde ese momento perdió su conciencia infantil y la noción del tiempo. Los primeros golpes de los tres energúmenos sobre su cuerpecito, seguramente acabaron con su mundo. Si murió pronto, los creyentes dirán que fue como “un acto de Dios para evitarle más sufrimientos”. Si, por el contrario, sufrió el martirio despiadado de los monstruos, supuestos “seres humanos”, Fernandito pagó, con su muerte, la afrenta de ser uno de los millones de niños prescindibles en este país, número que crece exponencialmente; no obstante que, con el más negro de los humores, el fundador de la Cuarta Transformación bautizó como “humanismo mexicano”.
Su corta vida transcurrió en un escenario de marginación donde no tiene cabida el gozo de disfrutar el paso de las horas conforme al ritual marcado por los hábitos cotidianos, la sana convivencia con los vecinos para dialogar sobre los temas de costumbre. Su madre, enajenada por la miseria, su discapacidad mental y las infaustas perspectivas a su alrededor, acaso sólo se acordaba de él cuando le pedía un mendrugo para comer. Sin nadie que la apoyara, nadie que la aconsejara para vislumbrar una luz de esperanza, de haber vivido más tiempo, Fernandito estaba condenado a crecer cargando, él también, el morral de culpabilidad de su progenitora, condenada por la sociedad a sobrevivir en la oscuridad del abandono, la soledad, el dolor del hambre que se vuelve costumbre y deja de notarse.
Con su muerte, Fernandito pagó las culpas con las que nacen millones de marginados, quienes al paso de los años van sumando rencores y resentimientos que, de tanto cargarlos, se convierten en una parte más de su conciencia deformada. Su deceso tan prematuro y tan dramático lo salvó, cruel paradoja, de un futuro tan negro como el de millones de adolescentes que sobreviven a una rutina de horrores que ni Dante se imaginó. Con su despiadado asesinato, las bestias disfrazadas de seres humanos lo salvaron de una vida comparable a la de perros callejeros, en el mejor de los casos, pues la otra salida a su situación sería ser reclutado por una pandilla dispuesta a tomar venganza, conforme a lo dispuesto por las reglas del “humanismo mexicano”, contra una sociedad que los repudia.
Su madre no pudo hacer nada por salvarlo de las garras de sus captores, no supo cómo hacerlo y, cuando pidió a la autoridad más a la mano, ni siquiera fue escuchada; ninguno de sus vecinos le tendió una mano solidaria, acto impensable en una sociedad pervertida por un materialismo exacerbado, donde la solidaridad es vista como un acto fuera de lugar y del comportamiento que debe seguirse para no complicarse la existencia. El asesinato tan nefando y cruel de Fernandito sacudió la conciencia colectiva, pero sólo por un corto tiempo, que duró mientras los medios se ocuparon de informar del hallazgo de su cuerpecito lacerado. Una semana después, capturados los asesinos, su madre, obligada a la resignación o sobrellevar su culpa hasta su muerte, se perderá en el olvido en espera de que su agonía no se alargue mucho.
Su angustia ante tanta soledad, en medio de una barahúnda ensordecedora, la sumirá en un ensimismamiento sanador hasta perder su conciencia en la neblina de la depresión, de la cual sólo podría salvarla una atención siquiátrica adecuada, impensable cuando la salud mental es algo que no encaja en las prioridades del “humanismo mexicano”.
Las tres hienas homicidas, disfrazadas de humanos, enfrentarán un proceso del que nadie se ocupará. Son tantos los casos entre los marginados que deben ser atendidos por fiscalías burocráticas, que uno más se perderá pronto entre los miles de legajos apelmazados en archivos siniestros. Nadie sabrá qué será de ellos, en una prisión preventiva oficiosa cuya duración dependerá del humor del juez que revise el expediente. Un hecho sí es seguro, a esa madre asesina y sus dos hijos, les espera un infierno del que querrán salir al precio que sea; no por su mala conciencia, sino porque son un estorbo adonde quiera que vayan. Forman parte de la población prescindible y como tal no tienen escapatoria: tarde o temprano caerán en el abismo de la inexistencia social.
Nos tocó ser testigos de una deshumanización propia de etapas en decadencia irreductible, por causas ajenas a la sociedad, como las guerras o las ambiciones absurdas de las cúpulas, como sucede en México actualmente. Actúan como si fueran a llevarse a la tumba sus inmensas fortunas, con una compulsión inefable que los obliga a seguir acumulando bienes que ni disfrutan, modelo socioeconómico que se atreven a llamar “humanismo mexicano”. Mientras la realidad nos muestra la verdadera cara de una sociedad profundamente dividida, no sólo para hacer valer la consigna de dividir para vencer, sino para facilitar la manipulación del poder sobre una población envilecida por un Estado canallesco.
De ahí que sucedan, con más asiduidad, hechos que antes eran inimaginables, como los descuartizamientos de cadáveres para tirarlos, desmembrados, en un ritual macabro que, desgraciadamente, se ha vuelto costumbre; de crímenes donde no hay distinción de niños, ancianos y mujeres, como era antes. Ahora se hace tabla rasa de edades y géneros, lo cual demuestra la degradación del alma entre los mexicanos, consecuencia de la creciente pérdida de valores propiciada desde las élites del poder.
Por eso no debiera asombrarnos un crimen tan sin sentido como el cometido contra un niño de apenas cinco años. Desde la perspectiva de los asesinos, la madre y sus dos hijos, estaban actuando conforme a su derecho de cobrar mil pesos, a una deudora desesperada que no encontró los caminos para evitar represalias. Las autoridades a las que recurrió, durante cuatro días, no la escucharon, cuando en sus manos estaba la solución: perseguir el delito de plagio de un niño y ejercer justicia. No lo hicieron, por tanto son tan culpables como los autores materiales del homicidio.
Aun así, desde la cúpula del poder se ufanan que vivimos en una etapa de nuevo “humanismo”. Actuar así es una demostración clara de insensibilidad social, de un absoluto desdén por las dramáticas consecuencias de la soberbia como comportamiento natural ante la sociedad. Vale decir, ahora que se habla tanto de defensa de la soberanía nacional, que tal premisa cobrará verdadero sentido en la medida que se fortalezca el tejido social, se apuntale la justicia como motor de la gobernabilidad, se consolide un Estado de derecho sólido e incluyente.
Opinión
La Sociedad de la Emoción: cuando opinar sin leer se volvió un derecho sagrado
Publicado
hace 5 mesesel
23 de septiembre de 2025Por
Redacción
“No he leído nada, pero yo creo que tengo razón.”
Esta frase resume el estado mental de millones de usuarios en redes sociales. El problema no es que opinen. El problema es que se creen sabios por hacerlo.
🧠 De la ilustración al «yo siento que…»
La historia humana ha tenido momentos oscuros. Inquisiciones, censura, quema de libros. Pero nada se compara con esta era donde la ignorancia no solo es libre: es celebrada.
Durante siglos, la gente educada era respetada porque dedicaba su vida a entender. Hoy, el que más grita gana el debate, y el que presenta datos es tachado de “mamador”, “elitista” o “vendido”.
¿Qué ocurrió?
Internet. Redes sociales. El algoritmo de la emoción.
Las redes sociales no premian la verdad, premian lo que genera reacción. Y entre la verdad incómoda y la mentira emocionante, la mentira gana. Siempre.
📲 El culto al “yo opino aunque no sepa”
Hoy cualquiera se siente con derecho a opinar de todo, aunque no tenga el más mínimo conocimiento. No es exageración: basta con revisar cualquier sección de comentarios.
- Sobre vacunas:
“Yo no me la pongo, mi prima se sintió rara.”
(¿Y la evidencia científica? ¿Los datos? ¿Los estudios?)
“¡Pues yo digo que no!”
- Sobre conflictos internacionales:
“Todo eso es falso, yo vi un video donde lo explican.”
(¿Un historiador? ¿Un diplomático?)
“No, un influencer de Monterrey que hace lives mientras juega.”
- Sobre economía:
“Yo creo que la inflación es por culpa del PAN.”
(¿Y los indicadores del Banco de México?)
“No sé, pero así lo siento.”
Este patrón es constante: eliminan la duda y canonizan su percepción.
🤡 El nuevo periodismo: memes, TikToks y “me suena”
El fenómeno más preocupante es que la gente ya no distingue entre información y entretenimiento. Si algo se ve bonito, se escucha convincente, o tiene música épica de fondo, entonces “ha de ser verdad”.
- Un meme con una frase atribuida a Einstein (que nunca dijo): viral.
- Un artículo con fuentes verificadas y contexto histórico: ignorado.
La lógica es esta: “Si ya me hizo sentir algo, ¿para qué verificarlo?”
Y ese es el nuevo peligro. La emoción ha reemplazado al pensamiento.
🎓 Leer es sospechoso
Antes, leer te hacía culto. Hoy, te hace sospechoso. Si dices:
“Te recomiendo leer este libro de 300 páginas para entender el tema.”
Lo más probable es que te contesten:
“Uy, qué hueva. Mejor pásame un video de 2 minutos.”
Pero no solo es flojera. Es una aversión al esfuerzo intelectual. Una hostilidad contra cualquier cosa que requiera atención, duda, silencio o autocrítica.
Vivimos en una época donde la verdad debe ser rápida, corta y entretenida. Si no lo es, no sirve. Si incomoda, se cancela. Si requiere contexto, se considera manipulación.
😱 El peligro no es la ignorancia, es el orgullo de ser ignorante
Hay una diferencia abismal entre no saber y no querer saber. Lo primero es humano. Lo segundo es peligroso.
Y hoy estamos rodeados de gente que no sabe, pero se ofende si se lo haces notar.
Esta nueva figura digital —el “opinador sin fuentes”— es agresivo, seguro de sí mismo, emocionalmente frágil y convencido de que sentir algo es equivalente a entenderlo.
Es alguien que dice:
“Yo creo que eso no es cierto, porque no lo creo.”
“No tengo pruebas, pero no me gusta.”
“No he leído nada, pero estoy seguro de que tú estás mal.”
Y lo peor: hay miles aplaudiéndolo.
🧨 Pensar es peligroso… para el algoritmo
¿Por qué pasa esto? Porque pensar no genera tantos clics como reaccionar.
- Un artículo con datos requiere 3–5 minutos de lectura.
- Un meme lo entiendes en 2 segundos.
- Un video indignante genera comentarios inmediatos.
- Un análisis detallado te obliga a revisar tus ideas… y eso es incómodo.
Las plataformas lo saben. El negocio está en las emociones, no en la verdad.
Y mientras más divididos, desinformados y reactivos seamos, mejor para el modelo de negocio.
🛡️ ¿Cómo se combate esto?
No es fácil. Pero hay caminos:
- Dudar de lo que emociona. Si algo te indigna en segundos, verifica antes de compartir.
- Leer más allá del titular. La mayoría de los opinadores de Facebook ni siquiera entran al enlace.
- Exigir fuentes. No importa si es tu tío, tu amiga o un tiktoker. Sin fuente, no hay argumento.
- Dejar de compartir basura. Literal. Si no sabes si es cierto, no lo subas.
- Educar desde lo incómodo. Hacer que la gente piense… aunque duela.
📎 ¿Tú también opinas sin leer?
Si este artículo te hizo enojar, tal vez eres parte del problema.
Si te hizo pensar, compártelo. Eso ya es un acto subversivo.
📎 enlacemexico.mx/la-era-del-meme-opinar-sin-leer
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Opinión
La irracionalidad como razón de estado: Transmutación esotérica sin futuro
Publicado
hace 5 mesesel
5 de septiembre de 2025Por
Redacción
Guillermo Fabela Quiñones
Este año el Mes de la Patria será recordado por la conversión de los usos y costumbres de los grupos étnicos del país en política de Estado, por encima de lo que mandata la Carta Magna. Así se confirma, por si hiciera falta, que el régimen de la Cuarta Transformación camina en sentido contrario a la marcha de la historia. Afortunadamente, la tan esperada reunión del secretario de Estado del gobierno estadunidense con la presidenta Claudia Sheinbaum sucedió un días después, con el inconveniente de que las invocaciones al dios Tláloc desde el Zócalo capitalino, obligaron a que el alto funcionario fuera recibido con un fuerte aguacero, que no cesó desde el aeropuerto “Felipe Ángeles” hasta su hotel en Polanco, luego de un viacrucis de más de dos horas en el pesado tráfico capitalino, cuyas calles son semejantes a campos minados, por eso de los baches en calidad de albercas.
Por la mañana del lunes, paralelamente, se llevaron a cabo tanto la presentación, ante un selecto número de invitados, del primer Informe de Gobierno de la presidenta Sheinbaum, en Palacio Nacional, como la “limpia”, por selectos chamanes, de los nuevos titulares del Poder Judicial, ahora presidido por un descendiente de una etnia oaxaqueña, lo que no deja de ser un racismo al revés. Ambos eventos tuvieron como trasfondo la presencia virtual del ex mandatario; en el informe palaciego, en un video alusivo a sus días triunfalistas ante las masas, mientras la mandataria iniciaba su alocución; en la ceremonia de evocaciones prehispánicas, su recuerdo como “santón” del México que añora, por meras razones políticas y demagógicas, sus raíces ancestrales.
La mandataria dio lectura a su primer informe con una rotunda afirmación: “Vamos bien y vamos a ir mejor”, palabras que nos hicieron recordar los discursos de su antecesor, plenos de frases optimistas y autoelogios desafortunados. Se comprometió a “profundizar la transformación”, a no usar la fuerza contra el pueblo, permitir la mayor libertad de expresión y apuntalar “la paz y el bienestar” de las clases mayoritarias. Fue tan previsible su mensaje que lo más significativo de la ceremonia fueron las señales a la clase política morenista: sus principales representantes fueron sentados en lugares lejos del atril donde leyó su mensaje, en la quinta y sexta filas.
Sin embargo, la expectación de los concurrentes estaba en lo que ocurriría un día después, en la reunión con el secretario de Estado, no obstante saber que lo verdaderamente importante no se sabría en los medios ni tampoco que los acuerdos de fondo se hicieran públicos.
Lo más destacado en la jornada que marcó el inicio del segundo año de su sexenio, fue el arranque del nuevo Poder Judicial, pocas horas más tarde, con la presencia de la mandataria para dar carácter plenipotenciario a un régimen prácticamente libre de contrapesos (¿con la excepción del crimen organizado como tal?). Lo verdaderamente mediático fue la ceremonia esotérica en la que los nueve ministros de la Corte fueron objeto del ritual prehispánico, donde se invocó el espíritu de Quetzalcóatl y “la trasmutación que necesitan para ejercer su labor justiciera”.
La sombra del ex mandatario se mantuvo todo el día, no sólo en los discursos sino en la forma simbólica de ejercer el poder, como era característico en él, con el propósito de eludir el compromiso fundamental en un Estado de Derecho: el futuro de la nación. El Zócalo capitalino se llenó de copal, incensarios, mantras prehispánicos y alusiones al fundamentalismo al que deberán sujetarse en su quehacer como garantes de la justicia que sigue siendo asignatura pendiente para los pueblos indígenas, la mayoría de ellos dirigidos bajo sus usos y costumbres.
No importó, a los nuevos ministros de la Suprema Corte, que con esta ceremonia se estuviera quebrantando el espíritu laico del Estado mexicano, pues no de otro modo pueden interpretarse los simbolismos del ritual público, que conforme a la Carta Magna debería llevarse a cabo dentro de un templo. Pero en la situación prevaleciente, eso es “pecado menor”, dentro del caudal de aberraciones jurídicas que legó el ex mandatario para garantizar su modelo de gobernanza por tiempo indefinido. El caso es que la nueva Corte Suprema asume su responsabilidad con la mancha de la ilegitimidad, aunque así no lo haya visto el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que avaló el uso de los popularmente llamados “acordeones”.
Así, según los dirigentes del nuevo régimen, México aporta un modelo “democrático” sui géneris, que para el grupo en el poder está llamado a ser adoptado en el mundo, pues “asegura que el Poder Judicial sea representativo de la voluntad popular, con su voto en las urnas”; como si los diversos grupos étnicos del país no tuvieran derecho al voto. Lo que más llama la atención es que tal patraña se la crean, sin apenarse sino con una seriedad desconcertante, los funcionarios del mismo, desde los magistrados, jueces y hasta los miembros del organismo creado expresamente como órgano vigilante de la actuación, “apegada a Derecho”, de todos los miembros de la Judicatura.
El mes de septiembre de este crucial año 2025 será recordado, desde luego, por el reconocimiento expreso del secretario Rubio al cambio de la política de “abrazos no balazos”, al afirmar: “Jamás en la historia ha habido el nivel de cooperación que hay en este momento, cooperación al nivel que respeta la integridad y soberanía de ambos países”. Fue aún más explícito al señalar que “no hay gobierno que esté colaborando más en la lucha contra el crimen que el de la presidenta Claudia Sheinbaum”.
Tan importante aval, por otro lado, es un compromiso de no ceder a las presiones del grupo del ex mandatario incrustado en su administración, el cual necesariamente tendrá que rendirse ante el imperativo del cambio estructural que necesita el país, independientemente de las acechanzas de quien nos quiere anclar en un pasado cada vez más ominoso. La mesa quedó puesta para una relación bilateral de respeto a nuestros intereses. Pero hacernos respetar dependerá de mantener una postura digna, que debe comenzar al interior del sistema; y, sobre todo, que la oligarquía entienda que el Poder Ejecutivo no está para servirlos a ellos. Seguir con esa actitud nos conducirá a escenarios tan absurdos como el de las “limpias” prehispánicas, pero con armas largas operadas por enfermos mentales.
Opinión
Noroña: el indomable que encarna el castrismo y amenaza a Morena
Publicado
hace 5 mesesel
3 de septiembre de 2025Por
Redacción
Por: Ricardo Noguerón
En la política mexicana hay personajes folclóricos que aparecen, hacen ruido y desaparecen. Fernández Noroña parecía ser uno de ellos. Sin embargo, en el vacío que dejó la salida de Andrés Manuel López Obrador de la primera línea política, su figura ha mutado en algo más profundo: un líder independiente, con discurso propio, con base social en redes, y con un respaldo internacional que Morena ya no controla.
La ofensiva coordinada de las últimas semanas contra Noroña —desde Morena, desde la oposición y desde los medios más influyentes— revela que lo que está en juego no es su camioneta Volvo, sus whiskeys caros ni su nueva casa. Lo que está en juego es que, por primera vez, México podría tener un candidato presidencial cuyo poder no provenga de la estructura partidista, sino del castrismo internacional.
Morena, el huérfano heredero
Morena se quedó huérfano tras la salida de AMLO, su padre político y cohesionador. Heredó todo el poder: gubernaturas, Congreso, narrativa del “pueblo bueno”. Pero como niño que recibe una herencia millonaria, se dedicó a gastar en cargos, contratos y alianzas fáciles. El resultado: un partido con mucho poder, pero sin rumbo ni disciplina.
Ese vacío de liderazgo abrió espacio para que emergiera alguien que no depende del aparato: Noroña.
El indomable
Noroña no es un político institucional, ni un operador clásico de partido. Vive de sus redes sociales, de los súperchats de sus seguidores y de un discurso confrontativo que conecta con el descontento popular.
Sus simpatizantes saben que disfruta de lujos, que no vive en austeridad franciscana, y no les importa: lo siguen no por su estilo de vida, sino porque lo sienten auténtico. Noroña dice lo que ellos piensan, sin filtros. Y eso en política vale más que cualquier imagen cuidada.
Cada vez más ciudadanos empiezan a verlo como un candidato presidencial natural para 2030.
¿Qué es el castrismo y por qué se parece a Noroña?
El castrismo no es solo la ideología de Fidel Castro en Cuba. Es un modelo político que mezcla:
- Populismo carismático: un líder que se presenta como la voz del pueblo contra las élites.
- Autoritarismo centralizado: concentración del poder en un caudillo indomable.
- Narrativa de resistencia: el líder se vuelve mártir frente a ataques internos o externos.
- Empobrecimiento controlado: el pueblo es mantenido en la precariedad, mientras se le ofrece identidad política y orgullo nacionalista como sustituto del bienestar material.
Noroña encarna varios de estos rasgos:
- Como líder carismático, habla sin filtros, conecta con la indignación popular y se presenta como el único auténtico.
- Como figura política, es indomable, no responde a Morena ni a la disciplina institucional.
- Como personaje, vive de la confrontación y del papel de víctima: mientras más lo atacan, más crece.
- Como proyecto, se alinea naturalmente con el madurismo en Venezuela y el chavismo continental, que lo ven como su espejo mexicano.
Por eso no es casual que Noroña sea visto como la carta perfecta del castrismo en México.
El dilema de Morena
Morena intentó domesticarlo: le dio la presidencia del Senado, lo inscribió formalmente en el partido. Nada funcionó. Noroña es indomable porque no depende del partido.
Ahora, Morena y sus aliados lo atacan, lo exhiben como incongruente y lo ridiculizan. Incluso recurren a operadores como Alito Moreno para la guerra sucia. Pero hay un riesgo: que esa ofensiva no lo destruya, sino que lo convierta en mártir.
Los medios contra Noroña
Que periodistas como Ciro Gómez Leyva, Loret de Mola, Brozo o Azucena Uresti bajen al terreno de Noroña y lo ataquen directamente es una señal inequívoca: ya no lo ven como un payaso folklórico.
Hoy, Noroña significa algo más. Para los medios y para las élites, representa castrismo, autoritarismo, dictadura y empobrecimiento. Es el fantasma del chavismo entrando a México con rostro propio.
El riesgo del mártir
El problema es que los ataques no lo debilitan entre sus seguidores. Al contrario: lo refuerzan como víctima del sistema, el único que “dice la verdad” y que incomoda a todos.
Si sobrevive a este embate, su liderazgo crecerá más allá de Morena. En ese escenario, el partido no tendría más remedio que absorberlo como candidato para no perder el control, aunque eso signifique entregar su futuro al castrismo internacional.
El verdadero peligro
El caso Noroña no es un pleito menor ni una anécdota política. Representa el choque entre un partido huérfano y el castrismo continental que busca expandirse en México.
El peligro para México no es la vida ostentosa de Noroña, sino que, de sobrevivir políticamente, se convierta en el primer candidato presidencial del castrismo mexicano: un líder indomable, mártir de sus propios ataques, y respaldado desde Caracas y La Habana.
Ese es el verdadero riesgo rumbo al 2030.


