Política
Las 6 fases del castrismo… ¿En qué fase está México?
Publicado
hace 1 añoel
Por
RedacciónPor: D. Ricardo Noguerón S.
El castrismo no llega como un golpe repentino ni como una revolución improvisada: se instala poco a poco, en fases calculadas que repiten un patrón ya probado en América Latina. Lo vimos en Cuba, donde la ilusión de justicia social derivó en un régimen de control absoluto; en Venezuela, donde la promesa de una “revolución bolivariana” terminó en racionamiento y persecución; y en Nicaragua, donde la democracia se convirtió en fachada de una dictadura.
México no es la excepción: los mismos síntomas aparecen, aunque disfrazados de discursos nacionales y políticas “únicas”. El peligro está en no reconocer que se trata de una receta ya conocida. La pregunta no es si ese modelo está llegando, sino en qué fase nos encontramos hoy en el camino hacia el castrismo a la mexicana.

Fase 1: La esperanza democrática
Todo régimen castrista comienza con un envoltorio atractivo: la promesa de cambio por la vía democrática. La narrativa inicial apela al hartazgo social, denuncia la corrupción de los gobiernos previos y ofrece una supuesta limpieza moral acompañada de justicia para los pobres.
En esta fase, el líder se presenta como un redentor popular, alguien que llega para rescatar al pueblo frente a las élites abusivas. El discurso es sencillo pero efectivo: “el pueblo contra los poderosos”. En Cuba, esa esperanza se encarnó en Fidel Castro; en Venezuela, en Hugo Chávez; en Nicaragua, en Daniel Ortega.
En México, esta etapa se vivió en 2018 con la victoria de López Obrador. Millones de mexicanos vieron en él una alternativa a décadas de corrupción priista y panista. Se le otorgó un mandato amplio con la expectativa de una transformación profunda, casi mesiánica.
La fase 1 es la más seductora: la gente cree que por fin alguien habla por ellos. Pero, en realidad, es el punto de partida de un proceso que nunca se detiene en las promesas iniciales.

Fase 2: Concentración institucional
Después de la esperanza inicial viene el verdadero objetivo: concentrar el poder y debilitar a los contrapesos. Esta fase no se presenta como una dictadura abierta, sino como “reformas necesarias” para que el gobierno funcione mejor o para que “el pueblo mande sin intermediarios”.
En este punto se atacan los órganos autónomos, se presiona al Poder Judicial y se somete al Congreso mediante mayorías leales. Al mismo tiempo, las fuerzas armadas adquieren un rol central: controlan proyectos, presupuestos y hasta tareas civiles que antes no les correspondían.
En Cuba, esto ocurrió con la militarización del aparato estatal. En Venezuela, con el control del Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional Constituyente. En México, los ejemplos son claros: desaparición de organismos autónomos, reformas judiciales controvertidas y creciente protagonismo del Ejército en obras, seguridad y administración pública.
La fase 2 marca el inicio del punto de no retorno, porque el equilibrio de poderes se rompe. El gobierno se convierte en juez, parte y árbitro, creando las condiciones para avanzar a la siguiente etapa: la hegemonía cultural y mediática.

Fase 3: Hegemonía cultural y mediática
Una vez que el poder político está concentrado, el siguiente paso es controlar el discurso público y cultural. El castrismo no se conforma con mandar: busca moldear lo que la sociedad piensa, consume y aprende.
Esto comienza con el ataque sistemático a los medios críticos. Se les acusa de estar al servicio de intereses oscuros, se les retira publicidad oficial y se promueve un ambiente de hostigamiento que ahoga su independencia. Paralelamente, el Estado impulsa sus propios medios, plataformas y voceros, construyendo una narrativa única donde el líder aparece como el salvador constante.
En la cultura y la educación, se revisa la historia, se exaltan figuras ligadas al movimiento oficialista y se reescriben los planes de estudio para “formar ciudadanos comprometidos con la transformación”. La hegemonía no es solo política: es simbólica y emocional.
En Cuba, esta fase se tradujo en la total subordinación de los medios al Partido Comunista y en un sistema educativo ideologizado. En Venezuela, el chavismo persiguió y cerró canales de televisión críticos, al mismo tiempo que usaba la educación como herramienta de adoctrinamiento.
En México, ya vemos señales: estigmatización de la prensa independiente, campañas de desprestigio desde el poder, intentos de controlar el discurso educativo e histórico, y la construcción de un ecosistema mediático oficialista que repite la narrativa gubernamental.
Esta fase es crucial porque define qué se considera “verdad” y qué se considera “mentira”. Si el castrismo logra imponer su hegemonía cultural, las siguientes fases encuentran un terreno mucho más dócil para avanzar.

Fase 4: Dependencia económica del Estado
En este punto, el castrismo ya no se limita a controlar instituciones y discursos: busca que la sobrevivencia cotidiana de la gente dependa directamente del gobierno. El objetivo es claro: quien controla el pan, controla la obediencia.
La estrategia combina varios mecanismos:
- Programas sociales masivos, que en lugar de ser temporales o de apoyo transitorio, se convierten en ingresos permanentes que sustituyen al trabajo productivo.
- Expansión del Estado en la economía, a través de empresas públicas o militares que asumen sectores estratégicos.
- Tiendas o mecanismos de abasto controlado, que permiten condicionar qué se compra, cuánto y a qué precio. Cuba tuvo sus bodegas de racionamiento; Venezuela implementó las CLAP; Nicaragua mantiene subsidios directos en bienes básicos.
En México, el avance de esta fase se refleja en la universalización de transferencias sociales, el protagonismo económico de las Fuerzas Armadas y el proyecto de Tiendas del Bienestar, que pueden transformarse en instrumentos de racionamiento en caso de crisis.
El discurso oficial suele envolver estas medidas en palabras como “justicia”, “solidaridad” o “apoyo al pueblo”. Pero en el fondo, lo que se construye es un sistema de dependencia estructural, donde cualquier crítica al régimen pone en riesgo la sobrevivencia material del ciudadano.

Fase 5: Criminalización de la oposición
Cuando la dependencia económica ya está instalada, el régimen pasa a blindarse: quien disienta debe ser castigado. Aquí, el castrismo convierte a la oposición en enemigo interno y legitima su persecución con un discurso moral o nacionalista.
Los métodos son diversos:
- Justicia selectiva: se abren investigaciones judiciales contra opositores, periodistas o empresarios incómodos, mientras se protege a los aliados.
- Narrativa de traición: cualquier crítica se presenta como un ataque al pueblo, una conspiración extranjera o un intento de “golpe blando”.
- Escarnio público: los opositores son exhibidos como corruptos o vendidos, más allá de las pruebas reales.
- Represión directa: detenciones arbitrarias, restricciones a manifestaciones o incluso violencia contra movimientos sociales no alineados.
En Cuba, los disidentes son rutinariamente apresados o silenciados. En Venezuela, líderes opositores han sido encarcelados, inhabilitados políticamente o forzados al exilio. En Nicaragua, Daniel Ortega incluso expulsó a 222 presos políticos del país.
En México, ya se perciben señales: uso de la UIF, SAT o FGR para investigar selectivamente a críticos, campañas oficiales para deslegitimar a la oposición, y un discurso permanente que equipara disenso con traición al pueblo.
La Fase 5 es decisiva: marca el paso del populismo al autoritarismo abierto. Una vez normalizada la persecución política, la última etapa —la consolidación del castrismo— queda al alcance de la mano.

Fase 6: Consolidación castrista
La última fase es la más peligrosa porque convierte lo que empezó como una “transformación democrática” en un régimen de control total. Aquí, el castrismo ya no tiene que simular demasiado: el poder está asegurado, la oposición debilitada y la sociedad depende del Estado para subsistir.
Los elementos centrales son:
- Elecciones simuladas: se celebran comicios periódicos, pero la competencia real desaparece. Los rivales son inhabilitados, perseguidos o simplemente irrelevantes.
- Economía intervenida: predominan mercados racionados, control de divisas y un Estado omnipresente en la vida económica.
- Alianzas internacionales: el país se integra de lleno a bloques autoritarios (Foro de São Paulo, Grupo de Puebla), con respaldo de potencias como Rusia, China o Irán.
- Narrativa única: la propaganda oficial sustituye al debate plural. El líder y su movimiento se confunden con el Estado y con “la patria misma”.
En Cuba, esta fase significó más de seis décadas de régimen absoluto. En Venezuela, un chavismo sin Chávez sigue controlando cada aspecto del país. En Nicaragua, Ortega y Murillo han convertido el poder en herencia familiar.
En México, todavía no se ha consolidado esta etapa, pero las bases están sentadas: debilitamiento de instituciones, militarización, control social vía programas, acoso a la oposición y hegemonía cultural en construcción. El paso final sería cerrar el círculo con elecciones sin alternativa real y una sociedad subordinada por completo al Estado.
La fase 6 no es el inicio del castrismo, es su culminación: el punto en que el pueblo deja de ser ciudadano y se convierte en súbdito de un sistema que ya no necesita careta democrática.

¿En qué fase está México?
Tras recorrer las seis fases, la pregunta inevitable es: ¿dónde estamos parados hoy como país?
La evidencia muestra que México se encuentra entre la Fase 2 y la Fase 3:
- El poder ya se ha concentrado en el Ejecutivo, con un Congreso sometido y un Poder Judicial bajo ataque constante.
- Las Fuerzas Armadas han asumido un papel central, no solo en seguridad sino también en la economía y la administración pública.
- Al mismo tiempo, se avanza hacia una hegemonía cultural y mediática, con campañas de desprestigio contra periodistas, presión a medios críticos y una narrativa única que exalta al líder y desacredita a los opositores.
Aún no estamos en una etapa de dependencia total (Fase 4) ni en la criminalización generalizada (Fase 5), pero los primeros síntomas son visibles: programas sociales universales, proyectos de Tiendas del Bienestar, y uso selectivo de instituciones para investigar a adversarios.
El mayor riesgo es que estas prácticas se normalicen y abran la puerta a un futuro en el que la Fase 4 sea inevitable. Ese paso marcaría el punto de no retorno hacia la consolidación castrista.
La conclusión es clara: México todavía está a tiempo de frenar la ruta, pero solo si la sociedad identifica las señales y entiende que estas fases no son casualidad, sino parte de un guion ya probado en América Latina.
El castrismo no aparece de un día para otro ni llega con un solo golpe autoritario: se instala por etapas, bajo un guion que ya se ha repetido en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Cada fase avanza disfrazada de justicia, democracia o apoyo al pueblo, pero el resultado final es siempre el mismo: un régimen de control total donde la ciudadanía pierde su libertad y queda subordinada al Estado.
México, hoy, se mueve peligrosamente entre la Fase 2 (concentración institucional) y la Fase 3 (hegemonía cultural y mediática). Si no se identifican y frenan estas señales, el paso hacia la dependencia económica absoluta y la criminalización de la oposición será inevitable. Y una vez que eso ocurra, el camino hacia la consolidación castrista quedará prácticamente sellado.
La advertencia es clara: aún estamos a tiempo. Reconocer estas fases no es alarmismo, es realismo histórico. Lo que ayer parecía lejano —la receta castrista— ya está en marcha en México. La pregunta que queda en el aire es: ¿seremos capaces de detener el avance o terminaremos sumando otro capítulo al manual del castrismo latinoamericano?
📑 Fuentes consultadas
- Jorge Castañeda Gutman, La utopía desarmada, Joaquín Mortiz, 1993.
- Steven Levitsky & Daniel Ziblatt, How Democracies Die, Crown, 2018.
- Javier Corrales, “Authoritarian Survival: Why Maduro Hasn’t Fallen,” Journal of Democracy, 2019.
- Scott Mainwaring & Aníbal Pérez-Liñán, Democracies and Dictatorships in Latin America, Cambridge University Press, 2013.
- The Economist – “Mexico’s president is concentrating power”, edición 2021.
- BBC Mundo – “Las críticas a las ‘Tiendas del Bienestar’ en México y la comparación con los CLAP de Venezuela”, 2023.
- El País – “La militarización de México bajo López Obrador”, 2022.
- Infobae – Entrevista a Jorge Castañeda: “López Obrador sí quisiera que México fuera como Cuba o Venezuela”, 2020.
- Animal Político – Coberturas sobre organismos autónomos y concentración del poder, 2020–2024.
- Freedom House – Freedom in the World Reports, 2020–2024.
- Human Rights Watch – World Reports sobre México, Cuba y Venezuela, 2021–2024.
- Brookings Institution – Estudios sobre populismo y autoritarismo en América Latina, varios informes.
- Inter-American Dialogue – Reportes sobre el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, 2021–2023.
- Carlos Sánchez Berzaín, Castrochavismo: Crímenes de Lesa Humanidad y Usurpación de Estados, Interamerican Institute for Democracy, 2019.
- Orlando Gutiérrez-Boronat, Cuba: The Doctrine of the Lie, Idea Press, 2020.
- OEA – Informe de 2018: Crímenes de lesa humanidad en Venezuela.