Política
La trampa del régimen hacia las Fuerzas Armadas de México
Publicado
hace 12 mesesel
Por
RedacciónPor: D. Ricardo Noguerón S.
El castrismo no conquista a las Fuerzas Armadas con balas ni con discursos: las captura con poder, dinero y culpa. El método es simple y devastador: primero empodera a los militares con tareas civiles y presupuestos extraordinarios; después tolera (o induce) la corrupción inevitable que ese poder sin contrapesos genera; finalmente expone selectivamente a mandos y redes para condicionar obediencias. Resultado: un ejército que ya no sirve a la nación, sino al gobernante que administra sus expedientes.
México observa hoy un espejo incómodo. La entrega de puertos, aduanas, aeropuertos, obras y empresas públicas a mandos castrenses elevó su influencia a niveles inéditos. Y la exhibición pública de fallas y escándalos en la Marina abre la puerta a la lectura estructural: ¿estamos ante una “limpieza” sincera o ante la fase dos de la trampa—la del chantaje institucional?
Este artículo compara el caso venezolano (modelo ya consolidado) con el proceso mexicano (en curso) para responder una pregunta central: ¿puede México evitar que sus Fuerzas Armadas crucen el punto de no retorno y se conviertan en guardia pretoriana del poder político? La advertencia no es retórica: cuando el mando civil usa la corrupción tolerada como correa, la disciplina militar deja de ser virtud pública y se vuelve seguro de impunidad.
El método castrista de control militar
a. La fórmula en tres pasos
- Empoderar
- Se transfieren funciones civiles estratégicas: puertos, aduanas, logística de combustibles, obras, banca de desarrollo, turismo, minería.
- Con esos encargos llegan presupuestos opacos, contratos sin competencia real y capacidad regulatoria sobre sectores enteros.
- Corromper (o permitir que ocurra)
- La mezcla de poder económico + discrecionalidad + ausencia de auditoría produce rentas ilícitas: sobreprecios, contrabando, empresas fachada, cobros de protección.
- El régimen no corta esas prácticas: las documenta. Se van armando expedientes que atan a oficiales y redes logísticas.
- Condicionar (exposición selectiva)
- Se “cae” a quien conviene para enviar mensaje y reordenar lealtades.
- El resto entiende: obediencia a cambio de impunidad. La fidelidad deja de ser doctrinal y se vuelve transaccional.
b. Mecanismos operativos
- Captura económica: creación o control de empresas militares y fideicomisos; manejo de divisas, combustibles y aduanas—las cajas del Estado.
- Justicia administrada: uso político de fiscalías, auditorías y tribunales militares; sacrificios ejemplares para lavar la cara del sistema.
- Propaganda de limpieza: cada exposición se vende como “combate a la corrupción”, cuando en realidad recalibra el mapa de lealtades.
- Rotación de mandos: movimientos constantes para impedir la formación de poderes autónomos dentro de las fuerzas.
- Premios y castigos: ascensos, agregadurías, retiros dorados vs. congelamiento de carrera o procesos penales.
c. Señales tempranas de cooptación (checklist)
- Militares al frente de ministerios/secretarías y empresas públicas.
- Contratos sin licitación y opacidad presupuestal creciente.
- Control castrense de puertos/aduanas (flujo de mercancías, combustibles y efectivo).
- Aparición de empresas puente ligadas a mandos o familiares.
- Expedientes filtrados y escándalos dosificados en medios.
- Auditorías selectivas: se toca a unos, se protege a otros.
- Aumento del rol militar en programas sociales (alimentos, logística).
- Normalización del discurso: “solo los militares pueden garantizar el orden”.
d. Por qué funciona
- Racionalidad del oficial: el costo de romper con el régimen (cárcel, pérdida patrimonial, honor militar destruido) supera el de obedecer.
- Colapso de contrapesos: congresos, auditorías y prensa independientes se vuelven decorado, incapaces de supervisar al nuevo conglomerado militar-empresarial.
- Dependencia del Estado: el gobierno se habitúa a la eficiencia de facto de los uniformados para ejecutar obras y controlar crisis; esa “eficiencia” legitima más transferencias de poder.
f. Efectos finales
- Doctrina militar erosionada: se diluye la misión constitucional; se prioriza la protección del régimen.
- Economía paralela de mandos: redes de renta capturada operando bajo uniforme.
- Ciclo de impunidad: cada escándalo no corrige; profundiza la dependencia y el chantaje.
Venezuela y México: el mismo libreto, en distinta etapa
El castrismo no se copia, se adapta. Su fuerza radica en disfrazarse de modelo patriótico en cada país que toca. En Venezuela lo hizo con discursos bolivarianos; en México, con el lema de la “confianza en las Fuerzas Armadas”. Pero el mecanismo de control es idéntico: poder, corrupción y exposición.
Solo cambia el acento.
Etapa 1: El poder como carnada
En Venezuela, Hugo Chávez convirtió a los militares en “guardianes del pueblo”. Les dio ministerios, empresas estatales, puertos, aeropuertos y el control de PDVSA, la joya petrolera del país. Les abrió las puertas del presupuesto, de la obra pública, de la importación de alimentos y hasta de la distribución de los programas sociales (CLAP).
Era, según él, un acto de “reivindicación histórica”. En realidad fue el primer paso para hacerlos corresponsables del poder político y del dinero fácil.
En México, la historia se repite con otros nombres.
Durante el gobierno de López Obrador, las Fuerzas Armadas pasaron de guardianes del territorio a gestores del Estado: controlan puertos, aduanas, aeropuertos, bancos, aduanas y megaproyectos. Se les asignaron obras multimillonarias y un presupuesto creciente bajo el argumento de que “ellos no roban”.
Ese exceso de poder administrativo y económico no fue confianza: fue la trampa inicial.
El régimen sembró la misma semilla que Chávez: dependencia económica y complicidad funcional.
Etapa 2: La corrupción como herramienta de control
En Venezuela, la corrupción no fue una desviación: fue el lubricante del sistema.
Generales y almirantes se enriquecieron con el contrabando de gasolina, oro, coltán y alimentos. Nació el llamado Cartel de los Soles, compuesto por altos mandos vinculados al narcotráfico y a redes internacionales de lavado.
Esa riqueza ilícita fue su cárcel invisible: cuanto más ganaban, más dependían del régimen para mantener su impunidad.
En México, la lógica es la misma, pero apenas está aflorando.
El escándalo del huachicol fiscal reveló una red de contrabando de combustibles operada desde las propias aduanas y puertos controlados por la Marina.
El esquema es idéntico al venezolano: empresas fachada, sobornos, importaciones disfrazadas, “productos aditivos” que en realidad eran gasolina o diésel.
No fue un error técnico, fue un sistema de corrupción inducido por el poder absoluto.
Y ahora que esa corrupción salió a la luz, el Estado tiene algo más que culpables: tiene rehenes.
Etapa 3: La exposición selectiva
En Venezuela, cuando algunos mandos intentaron romper con el régimen o acercarse a la oposición, Maduro los entregó al escarnio: los acusó, los encarceló o los silenció.
Cada detención fue una advertencia: nadie está limpio, todos están vigilados.
El mensaje era político, no judicial: “obedéceme o te convierto en titular”.
En México, la exhibición de la Marina cumple un propósito similar.
Los nombres de los mandos detenidos, los buques interceptados y los titulares en cadena nacional no solo buscan mostrar transparencia; también reacomodan la jerarquía interna.
Quien hoy ve caer a un vicealmirante entiende que ya no basta con el uniforme: se necesita la bendición del nuevo mando político.
El sistema no castiga la corrupción, la administra.
Etapa 4: La sumisión institucional
En Venezuela, tras años de esta dinámica, las Fuerzas Armadas dejaron de ser un poder autónomo y se transformaron en una corporación empresarial del régimen.
Administran empresas, bancos, minas y hasta cadenas hoteleras.
Ya no protegen la soberanía: protegen su negocio.
Y quien protege su negocio, obedece a quien puede destruirlo.
En México, el riesgo está frente a nosotros.
La militarización civil —la gestión de obras, empresas, bancos y aduanas por parte de los uniformados— está generando dependencia económica y vulnerabilidad política.
Si cada escándalo de corrupción se usa como moneda de control y no como acto de justicia, las Fuerzas Armadas habrán cruzado el mismo punto de no retorno que sus pares venezolanas: el de la sumisión por supervivencia.
Venezuela muestra cómo empieza la trampa; México demuestra que ya la entendió, pero aún no decide si quiere evitarla.
Y cuando un país llega a ese punto, lo que está en juego ya no es la obediencia del ejército, sino la libertad del Estado.
El propósito de la trampa: poder absoluto sin responsabilidad
La trampa castrista no busca corromper por placer, sino gobernar sin oposición.
Cada paso —empoderar, corromper, exponer— persigue un resultado estratégico: crear una institución dependiente, temerosa y funcional al poder civil, pero con apariencia de fuerza autónoma.
El verdadero objetivo no es disciplinar soldados, sino anular contrapesos.
Paso 1: Empoderar para neutralizar los límites
Cuando un régimen entrega a los militares el control de puertos, aeropuertos, aduanas, bancos o megaproyectos, no les está reconociendo capacidad: les está cargando con el peso de la gestión política.
El uniforme se convierte en una oficina pública, y con ello desaparece el límite entre la misión militar y la conveniencia partidista.
En México, esto ocurrió en cascada:
- La SEDENA se volvió constructora y operadora de aeropuertos y trenes.
- La Marina, administradora de aduanas y puertos.
- Y ambas, socias logísticas de programas sociales y distribución de recursos.
El resultado inmediato fue que las Fuerzas Armadas dejaron de rendir cuentas al Congreso y comenzaron a responder directamente al Ejecutivo.
En ese momento, el control civil se invirtió: ya no es el civil quien supervisa al militar, sino el político quien lo usa como herramienta de Estado.
Paso 2: Corromper para asegurar la obediencia
El exceso de poder sin vigilancia corrompe; y el poder político lo sabe.
Una vez que los mandos militares administran presupuestos, contratos y permisos, el riesgo de desvíos y acuerdos opacos es inevitable.
Esa corrupción no se castiga, se documenta.
El expediente se vuelve la nueva cadena de mando: quien duda o se resiste, pierde protección y prestigio.
En México ya se observan las consecuencias:
- Huachicol fiscal en la Marina, con mandos involucrados en redes de importación ilegal de combustibles.
- Contratos reservados de la SEDENA para obras civiles y servicios con empresas cercanas al gobierno.
- Fideicomisos militares intocables por ley, sin auditoría real ni transparencia pública.
Cada caso no debilita al régimen: lo fortalece.
Porque cada irregularidad confirmada equivale a un lazo de obediencia más apretado.
Paso 3: Exponer para consolidar el control
Cuando el poder necesita reafirmar su autoridad, suelta un escándalo.
No importa que sea real o manipulado; lo importante es el mensaje.
El gobierno se muestra como “limpiador” de la corrupción que él mismo permitió, y reordena las lealtades internas.
El caso de la Marina no es una purga ética, es un acto de dominio simbólico: exhibir para recordar quién manda.
La exhibición pública de un vicealmirante, los decomisos mediáticos y la narrativa de “cero impunidad” son piezas del mismo teatro:
un golpe de autoridad que no cambia la estructura, pero sí el mando invisible.
El beneficio final: control sin costo
El régimen que domina a sus Fuerzas Armadas bajo este modelo obtiene tres ventajas invaluables:
- Ejecutores obedientes, porque su supervivencia depende de la discreción política.
- Impunidad compartida, porque nadie puede denunciar sin caer consigo mismo.
- Legitimidad prestada, porque el uniforme da credibilidad a decisiones que el poder civil no podría justificar solo.
Esa es la esencia del castrismo:
convertir la corrupción en una forma de control y la disciplina militar en una herramienta del proyecto político.
México frente al espejo venezolano
La historia no se repite por accidente; se repite porque los poderosos confían en que la gente no la recuerda.
Venezuela fue el laboratorio perfecto del castrismo militarizado.
México, el alumno que aún cree que puede copiar el modelo sin sufrir las consecuencias.
Similitud 1: el empoderamiento como veneno dulce
Tanto Chávez como López Obrador iniciaron con el mismo discurso:
“Los militares son el pueblo uniformado. Hay que confiar en ellos.”
En ambos casos, esa confianza se tradujo en un poder civil disfrazado de orden castrense.
Chávez entregó PDVSA, las aduanas y la logística alimentaria; AMLO hizo lo mismo con trenes, aeropuertos, puertos y bancos.
El resultado es idéntico: un Estado con fachada militar, pero corazón político, donde el uniforme ya no garantiza independencia sino subordinación.
Similitud 2: la corrupción como pegamento del sistema
En Venezuela, los generales se hicieron empresarios y contrabandistas; en México, constructores y administradores de recursos.
En ambos países, el poder civil no combate la corrupción militar: la capitaliza.
La convierte en arma de chantaje.
Los mandos ya no son incorruptibles; son inocentes condicionales: obedecen porque saben que su expediente duerme en un cajón del poder político.
Similitud 3: la exposición como teatro de legitimidad
Maduro convirtió cada arresto militar en espectáculo moral; Sheinbaum parece heredar la misma escenografía.
El caso del huachicol fiscal es la versión mexicana del “Cartel de los Soles” en su fase temprana: una purga pública con olor a montaje político.
En ambos escenarios, la limpieza no depura, disciplina.
El público cree que ve justicia; el poder sabe que ejecuta control.
Diferencia 1: el tiempo político
Venezuela tardó más de una década en degradar su estructura militar hasta la sumisión total.
México, gracias a la velocidad con que se concentró el poder castrense, podría recorrer ese camino en la mitad.
La diferencia no es ideológica, sino temporal: el proceso aquí ocurre con la experiencia previa del modelo ya probado.
Diferencia 2: el margen de reversión
Aún existen en México mandos y sectores institucionales que conservan noción de autonomía, jerarquía y deber constitucional.
El riesgo es que, si no se rompe el ciclo de “empoderar–exhibir–condicionar”, ese margen desaparecerá con el relevo generacional.
El castrismo no se impone de golpe: se hereda.
Diferencia 3: la oportunidad política
El nuevo gobierno tiene la posibilidad de decidir si la exhibición de la Marina será un acto de depuración real o una continuación del teatro de control.
Ahí radica la diferencia entre una presidenta que limpia para legitimar su poder propio y una que simula para perpetuar el ajeno.
En conclusión, Venezuela es el espejo deformante donde México puede verse con unos años de adelanto.
La pregunta no es si estamos en el mismo camino, sino cuánto tiempo tardaremos en admitirlo.
Y cuando eso ocurra, quizás ya sea tarde para distinguir entre un ejército poderoso… y un ejército usado.
Legitimación o ruptura
Nada revela mejor el poder real que la manera en que un régimen trata a sus Fuerzas Armadas.
En los gobiernos castristas, los uniformes se usan como escudo cuando hay debilidad política y como sacrificio cuando hay que demostrar fuerza.
México parece haber llegado justo a ese punto: la exhibición de la Marina como símbolo de control, y la corrupción militar como moneda de legitimidad.
El juego del nuevo poder
Claudia Sheinbaum hereda un aparato militar hipertrofiado: obediente, poderoso y comprometido con la estructura obradorista que la llevó al poder.
Pero también hereda sus excesos y sus sombras.
El caso del huachicol fiscal le ofrece una oportunidad doble:
- Desmarcarse de López Obrador mostrando que su gobierno “no protegerá a nadie”.
- O repetir el libreto castrista, usando la exposición como mensaje de disciplina, no de justicia.
En política, la diferencia entre ambos caminos no se mide en discursos, sino en decisiones concretas: a quién se castiga, a quién se reemplaza y a quién se protege.
Si Sheinbaum decide enfrentar la corrupción y desmontar los vínculos entre el poder militar y el político, México podría ver su primer gesto de autonomía presidencial en décadas.
Pero si todo se reduce a un espectáculo mediático para reforzar la cadena de mando, el país sabrá que la trampa se cerró, y que la nueva administración no vino a limpiar el sistema, sino a perfeccionarlo.
Una advertencia y una pregunta
En Venezuela, el castrismo necesitó diez años para convertir al ejército en un holding económico y a los generales en custodios del régimen.
México lleva seis de ensayo y error, y ya muestra los mismos síntomas: poder, corrupción y miedo.
Si el nuevo gobierno no rompe el ciclo, el país estará demasiado cerca de su propio punto de no retorno.
Lo que hoy se vende como “limpieza” puede ser una operación de legitimación.
Y si esa legitimación se construye sobre los escombros de la Marina, el mensaje es claro: el régimen no cambia de manos, solo cambia de guantes.
Enlace México seguirá de cerca este proceso.
En la próxima entrega analizaremos a fondo “El caso Marina y la legitimación del poder: ¿dónde rompe Sheinbaum con AMLO?”, para entender si estamos ante una verdadera transición… o ante la versión mexicana del castrismo consolidado.
FUENTES DE INFORMACIÓN
🧩 A. Huachicol fiscal y corrupción en la Marina (México, 2025)
- El País. (2025, 12 de septiembre). De los primos al capitán Sol: quién es quién en la red de huachicol dirigida desde la Marina. El País México.
- El Economista. (2025, 13 de septiembre). Huachicol fiscal: sobornos, aduanas y marinos; así se destapó el caso que golpea al control naval.
- Infobae México. (2025, 10 de septiembre). Dos marinos muertos y casi 50 detenidos: el mapa del huachicol fiscal en México.
- Milenio. (2025, marzo). El buque Challenge Procyon y la red de contrabando de diésel disfrazado de aditivo.
- Animal Político. (2024, octubre). La Marina y las aduanas: el poder opaco que nadie audita.
🧩 B. Militarización del Estado mexicano (AMLO–Sheinbaum)
- El Universal. (2025, febrero). Militarización sin retorno: Sedena controla más de 40 áreas civiles.
- Proceso. (2024, julio). Los militares de AMLO: del cuartel al negocio público.
- Nexos. (2024, diciembre). El poder armado: los riesgos de un Estado administrado por soldados.
- Expansión Política. (2024, agosto). Las Fuerzas Armadas en el sexenio de AMLO: de la seguridad al control económico.
- El País. (2024, noviembre). Las obras de la Sedena: un país en manos del Ejército.
- Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). (2025). Presupuesto de Egresos de la Federación 2025.
- Auditoría Superior de la Federación (ASF). (2024). Informes de fiscalización de proyectos militares.
🧩 C. Modelo castrista en Venezuela y Cuba
- BBC Mundo. (2023, julio). Cómo los militares se convirtieron en el corazón del régimen venezolano.
- El País. (2022, octubre). La economía paralela del ejército de Maduro.
- Reuters. (2021, junio). Inside Venezuela’s military: loyalty through corruption.
- The Economist. (2020, noviembre). Venezuela’s armed forces: businessmen in uniform.
- Diálogo Américas – U.S. Southern Command. (2022, abril). El control económico de las FAR en Cuba y su exportación al modelo venezolano.
🧩 D. Informes institucionales y académicos
- Transparencia Internacional. (2024). Índice de Percepción de la Corrupción 2024.
- Amnistía Internacional. (2024). El papel de las Fuerzas Armadas en la represión de América Latina.
- Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). (2023). Militarización y control civil en México: una revisión institucional.
- México Evalúa. (2023). El costo civil del poder militar.
- Brookings Institution. (2023). Civil–Military Relations in Latin America’s Authoritarian Democracies.
- Human Rights Watch. (2022). Under Military Rule: Civilian Erosion in Venezuela and Nicaragua.
🧩 E. Fuentes de datos y auditoría pública
- Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). (2024). Contratos y fideicomisos de obras públicas 2020–2024.
- Plataforma Nacional de Transparencia (PNT). (2025). Solicitudes públicas sobre Sedena, Marina y Aduanas.
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2024). Gasto militar y control económico de las fuerzas armadas en América Latina.
- Auditoría Superior de la Federación (ASF). (2023–2024). Auditorías sobre obras del Ejército: AIFA, Tren Maya y Banco del Bienestar.