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Las recientes y terribles inundaciones sucedidas en Monterrey, las sucedidas hace 2 años en Tabasco y, regresando al pasado, el sismo sucedido en 1985 ponen en evidencia la mala planeación de nuestras ciudades e infraestructura, así como de su ubicación y calidad de construcción y, por otro lado, la complicidad y/o corrupción de las autoridades e inversionistas inmobiliarios y la improvisación de cuadros técnicos (sobre todo en las oficinas de desarrollo urbano y obras públicas) que existe en nuestro país. De forma más local, también se pueden observar que no es distinta la dinámica presentada en la ciudad de Querétaro, en donde existen fraccionamientos sobre fallas geológicas (Las Capillas), en zonas inundables (Pirámides) o en áreas naturales protegidas (Zibatá y Cumbres del Cimatario)
Una de las falsas percepciones es que los ingenieros civiles y, sobre todo, los arquitectos son los profesionistas ideales para llevar a cabo las acciones referentes en la materia genéricamente denominada como “urbanismo”, olvidando que los citados profesionistas son especialistas en materia de diseño de inmuebles y en su proceso constructivo, sin reflexionar que planear y diseñar ciudades es totalmente distinto a diseñar casas, fachadas y construir puentes o edificios y, lamentablemente, puede ser que continúe un rosario de decisiones urbanas equivocadas de seguir lo concerniente a desarrollo urbano en manos no competentes.
La gran mayoría de los problemas en cuanto a infraestructura urbana y ubicación de los nuevos asentamientos humanos bien se hubieran podido evitar si el desarrollo urbano hubiese estado en manos competentes. El problema de fondo reside en la falta de consciencia urbana: el pensamiento colectivo (tanto de políticos como de ciudadanos comunes) es que los citados profesionistas son los idóneos para ocupar los puestos de toma de decisiones urbanas, obviando que la ciudad es compleja: para poder abarcar el ente urbano se necesitan cuadros de trabajo multidisciplinarios, en donde la base de estudio es económica y social, cuya cristalización se percibe en temas tales como movilidad urbana, accesibilidad al suelo, polución, dotación de servicios, construcción y mantenimiento de infraestructura.
No debo de omitir en señalar que existen “urbanistas” de profesión (tales como los Diseñadores en Asentamientos Humanos y Licenciados en Planeación Territorial) y otros que se han formado a través de especializaciones, ya sean maestrías o doctorados (tales como la de Planeación Urbana Regional y Economía Urbana). Entonces, si hacemos caso a la lógica, esta indicaría que las oficinas de desarrollo urbano deberían de estar llenos de “urbanistas” (utilizo este término entrecomillado ya que la mayor parte de la gente sólo distingue ingenieros, arquitectos y los demás, éstos últimos son profesionistas con licenciaturas de nombres “extraños”, a los cuales genéricamente se les denomina “urbanistas”) de profesión y no arquitectos e ingenieros civiles. De cualquier manera, no basta con tener una licenciatura para poder tener la suficiente conciencia y entonces comprender la complejidad del ente urbano y, de esta manera, aceptar humildemente que son necesarios dentro del equipo básico de investigación urbana especialistas con perfil (y una licenciatura base) de biólogos, sociólogos, economistas, ingenieros hidráulicos, ingenieros en transporte, geólogos y licenciados en derecho, entre otros.
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Por otro lado, si analizamos las estructuras de trabajo existentes en cualquier municipio del país, las oficinas de desarrollo urbano son mucho mayores que otras que conciernen a la cuestión urbana, tales como las medio ambientales y las de desarrollo económico, desplazando a las demás áreas de conocimiento como sólo accesorias del eje central del poder: un ejemplo, en el municipio más pequeño del Estado de Querétaro la oficina de desarrollo urbano es 10 veces más grande en personal que su similar de medio ambiente. El resultado de esto ha generado que el servidor público de las áreas de desarrollo urbano sea soberbio y arrogante, creando una gran resistencia al cambio y, debido a su escaso conocimiento sobre el tema, una cerrazón en su estructura mental. Una pregunta al amable lector, ¿Entonces cómo podemos ser eficientes si los problemas y, por ende, la toma de decisiones están en manos de personas que no tienen idea de la materia a la que se enfrentan? Esto lo analizaremos en un próximo artículo.
Para finalizar esta dura crítica, entonces se puede afirmar que gran parte de las decisiones urbanas, no sólo en Querétaro sino en nuestro país, han sido tomadas, en el mejor de los casos, al azar, por increíble y paradójico que esto parezca. En este sentido, al igual que la suerte de la selección ibérica, sería mejor tener al pulpo Paul como asesor de cabecera respecto a la cuestión urbana, ya que si se trata de adivinar cual decisión es la acertada, el acuario del octópodo sería un mejor oráculo que las oficinas de desarrollo urbano plagadas por urbanistas e investigadores de generación espontánea.
Agradezco los comentarios al artículo anterior y los espero nuevamente la próxima semana. Gracias.
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