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Cualquier mexicano sin excepción, hemos estado expuestos a los largos y complicados trámites y procedimientos a los que somos obligados por formar parte de la sociedad de este país. Como resultado del crecimiento poblacional y la necesidad por satisfacer las demandas económicas de la ciudadanía, ha sido necesario la creación de un gran número de plazas laborales cuya función es estar en contacto directo con el cliente, usuario o como usted prefiera llamarle. Lo anterior, sin duda podría sonar muy alentador, ya que sin la creación de tales empleos la economía mexicana se encontraría en peores condiciones de las actuales.
El subempleo en México, además de conformar el 13% de la Población Económicamente Activa del país (PEA), o sea unos 5.8 millones de personas, se ha convertido en la oportunidad más común para obtener un ingreso, aunque éste sea poco, logrando como consecuencia el deficiente desempeño laboral al momento de realizar una actividad gracias a la carencia de incentivos humanos y legales, pero sobre todo, económicos. En la mayoría de los casos, aquel que se encuentra subempleado, no recibe ninguna de las prestaciones que la ley marca y en ocasiones, tampoco se recibe su salario íntegramente.
Sin el afán de menospreciar los esfuerzos productivos del país llevados a cabo por los Gobiernos Estatales y el Federal, la situación actual ha dado como resultado el incremento desmedido en la oferta de bienes y servicios, los cuales son ofrecidos a diestra y siniestra sin tener verdadera conciencia de las necesidades del consumidor y por tal motivo, el individuo encargado de promoverlos, además de no contar con el mejor de los humores, se ve imposibilitado de actuar y decidir por su propia cuenta teniendo que depender tristemente de un tercer individuo en discordia, quien nunca tendrá la calidez ni delicadeza suficiente para entenderse cara a cara con un ser humano y a pesar de esto, ha tomado mucha relevancia en solo unos años.
Este fantástico individuo, al cual se le ha dado la responsabilidad y el poder de tomar decisiones importantes, así como también la facultad de discriminar, discernir, rechazar, reservar y desechar a nombre del ser humano, dirimiendo en torno a su propio juicio y teniendo siempre la última palabra así como la autoridad para limitar el libre albedrío de cualquier sujeto, algo con lo que según nosotros orgullosamente contamos; este ajeno personaje, es el encargado de complicarnos diariamente la existencia actuando de manera arbitraria sin siquiera tomarse unos minutos para reflexionar en el sentir humano, no importándole en lo más mínimo las consecuencias de sus mal educados actos.
Al momento usted se preguntará ¿quién es ese tercero? ¿quién podría actuar de manera tan fría y enfrentarse sin temor a 107 millones de mexicanos? ¿quién podría ser tan siniestro que atentaría contra las decisiones y la libertad del ciudadano? Si aún usted no lo identifica, probablemente radique en otro país o bien, ya forma parte de la esencia y conciencia colectiva o “unimente“ creada y controlada por el “Señor Sistema”.
En efecto, el “SISTEMA” o “facilitador en la toma de decisiones responsables y con consecuencias fatídicas para el usuario (FTDRCFU)”, como yo lo he llamado, tiene la capacidad de compararse con los grandes y sobresalientes estadistas, líderes y gobernantes mundiales gracias a su alto grado de discernimiento y rapidez en la oportuna toma de decisiones con la ventaja que le da el poder convertir en intangibles, las responsabilidades de sus actos… ¿cómo puede usted reclamarle al “Sistema”? o más bien ¿cómo osar hacerlo?… perdería usted su tiempo.
El Sistema se ha convertido en uno de los protagonistas más importantes de la vida económica, social y política de México y es lamentable el deterioro de su imagen a causa de la “inexplicable” inconformidad que tenemos millones de habitantes al enfrentarlo, sin embargo, lo que usted o yo opinemos del Sistema, a Él parece tenerlo sin cuidado. La humanidad ha creado un “monstruo” imparable que impugna sobre el hecho inconsciente de echarnos a perder los planes a su antojo, hacer de nuestro tiempo el suyo, tomar prestado dinero de nuestras cuentas bancarias sin pedirlo o en el mejor de los casos, siempre será oportuno y puntual en las labores que le son asignadas, aunque eso nos cause un agravio.
Gracias al elevado grado de involucramiento en sus labores cotidianas, ha logrado ganarse el respeto y agradecimiento de quien lo contrata pero a su vez, también, y de manera injusta, carga en su espalda con el descontento de aquellos miembros de la sociedad que han sido ya sus víctimas en el momento de que la persona que supuestamente lo controla, se ve imposibilitada a actuar frente a un arbitrario "arrebato" del Señor Sistema. Una jauría de duendes liberados por error podría ser la mejor comparación… ¿de quién es la culpa? ¿de los duendes o de quién no supo cómo cerrar la tapa?
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El sector financiero es uno de los muchos ejemplos en donde el Sistema defiende los intereses de quien ha requerido sus servicios y donde su carácter de “indomable” se ha hecho relucir. Cuando un usuario pretende acudir al banco con el fin de hacer alguna aclaración debido a un “fortuito” cobro indebido (culpa del sistema no de quien lo maneja, claro está), activar un plástico o tal vez sólo pedir un crédito, probablemente esté a punto de perder su tiempo y jamás ver reembolsado su dinero.
Los empleados de la institución financiera, que dicho sea de paso, se les ha capacitado para atender y escuchar paciente, educada y hasta ladinamente las problemáticas de cada uno de los usuarios, poco pueden hacer ante el omnipotente poder decisivo del Sistema. Aunque la pretensión y deseo del finísimo empleado sea dar una respuesta satisfactoria al cliente para resolver de una vez por todas su problemática, la del cliente claro está, éste, el empleado, se encuentra atado de manos y se ve forzado a deslindarse de toda responsabilidad para así, toda completita, endilgársela al “Sistema”, repitiendo continuamente y en diferentes versiones (de acuerdo al banco, el estado o la colonia) la frase ya por todos conocida…”por lo pronto no hay nada que hacer, seguramente es cosa del Sistema, esperemos a que se reestablezca, funcione o por qué no decirlo, a que le de la gana" ¿qué no? ¿Acaso el Señor sistema se sintió mal y no vino a trabajar o no regresó después de haberse ido por algún problema virtual? ¿No es posible depositar en la cuenta por que el sistema no quiere recibir dinero en ese momento? ¿ya tiene suficiente? ¿Estará muy ocupado?
Si bien, en el sector financiero existen tantos Sistemas como bancos hay, y tal parece que su labor es entorpecer a toda costa las actividades y deseos del usuario. Imagínese la reunión semanal de los “Señores Sistemas” del sistema financiero mexicano… ¿puede usted figurarse lo complejas que éstas deben ser? Hacerle la vida imposible al cliente “todos los días”, no ha de ser nada sencillo ¿o sí?
Si usted cree que esta raza de entes virtuales, a los cuales es imposible hacer algún reclamo por que nunca dan la cara, es exclusiva del sector financiero, está usted muy equivocado. Existe descendencia de la estirpe en el sector de las telecomunicaciones, en gran parte de la industria, en pequeños comercios, en el gobierno mismo y en todos los casos su labor será: hacernos pasar tragos amargos.
Es lamentable el hecho de que la actividad humana por falible que ésta sea, esté siendo desplazada drásticamente por individuos a los que se les ha dado el grado de omnipotentes y omnipresentes en las actividades diarias del ciudadano mexicano. Sin duda, es un hecho que en la mayoría de los trámites para la adquisición de un bien o servicio o simplemente para la resolución de una problemática importante, la ineficacia e incompetencia del trabajador mexicano se justifique a través de un ente virtual el cual es creado para facilitar el desarrollo productivo y no para entorpecerlo.
Es verdad que en ocasiones el sistema tenga la facultad de decidir con base en números y datos, pero siempre hay alguien, generalmente humano o mexicano, que nutre al suscrito con el objetivo de tener un mejor resultado. La omnipotencia del sistema no es más que una delimitación de acciones que a mi manera de ver, puede usarse para generar mayor productividad y mayor eficiencia en los procesos que son necesarios para la población. Los Sistemas en México, están hechos de acuerdo a las características de una sociedad que refleja su actitud en el diario acontecer del país, desde sus gobernantes hasta quienes los eligen. Por lo tanto, estimado lector, los verdaderos responsables de la inconsciente actitud del “Señor Sistema”, somos quienes, a la fecha, no sabemos para qué sirve y cómo funciona.
Un saludo y hasta la próxima.
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