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Seguramente has escuchado o incluso hasta pensado que el crédito en nuestro país no es para todos; que es relativamente escaso, que solo se otorga a aquellos que no necesitan el dinero, que está restringido a las grandes empresas o corporativos internacionales, que solo pueden acceder a él quienes tienen garantías suficientes para respaldar el pago, para quienes no tienen incumplimientos importantes en el Buró de Crédito Nacional o bien para aquellos que tienen una estructura financiera impecable.
Estas aseveraciones desde luego no pueden ser absolutas ni totalmente ciertas, ya que tienen hasta cierto punto su razón de ser y todo depende del enfoque desde el cual sean analizadas: si son expresadas por el solicitante de un financiamiento que no tiene garantías, que no presenta una estructura financiera sana y que además tiene incumplimientos de pago con alguno o algunos de sus acreedores, ya sea comerciales o bancarios, seguramente será ABSOLUTAMENTE CIERTO, sin embargo si todo ello es expresado por una persona física o moral que cumple con lo anterior y además justifica o demuestra plenamente y a satisfacción de la institución financiera el destino de su solicitud, con toda certeza dirá que es TOTALMENTE FALSO.
Ahora bien, imagine que esta situación se pregunta a un Banquero. Será más que obvia la respuesta: “Desde luego que cualquier persona que cumpla con todo lo anteriormente dicho es sujeta de crédito y claro que tenemos disponibilidad de recursos para prestarle”.
¿Y usted qué opina?... ¡Piensa que se trata de un negocio! A fin de cuentas las instituciones financieras lo que venden es un producto que se llama “dinero” y además está escaso en el mercado. Es por ello que buscarán recuperar el dinero que han prestado lo más pronto posible, con el menor riego que se pueda y con la mayor utilidad posible. ¿Usted no haría lo mismo? ¿Tal ves sí, verdad?
El problema que deseo plantear ahora no es sobre la accesibilidad al crédito, sino más bien a quién verdaderamente le están prestando las instituciones financieras en México en la actualidad y a qué precios. Y cuando hablo de instituciones financieras me refiero no tan solo a bancos, sino también a micro financieras, a sofoles, a sofomes, a uniones de crédito, a cajas de ahorro, a sofipos, e incluso a los relativamente nuevos instrumentos financieros creados por las tiendas de autoservicio, departamentales o agencias de vehículos.
Si todas las aseveraciones que mencioné fueran realmente ciertas me gustaría saber ¿por qué entonces casi cualquier persona posee una tarjeta de crédito, o mejor dicho, más de una tarjeta de crédito? y la mayoría de las veces por importes que rebasan considerablemente sus ingresos y por lo tanto la posibilidad de pago. También me gustaría que alguien me explicara ¿por qué es relativamente fácil obtener un crédito para coche, casa, aparatos electrónicos, aparatos electrodomésticos, muebles, etc.? La gran mayoría de instituciones que nos prestan para adquirir cualquiera de estos bienes no son para nada estrictas, ni se fijan demasiado en nuestra situación financiera, historial de pago o respaldo en garantías. Tampoco te piden demasiada información para autorizarte el préstamo, más bien lo que les interesa es cobrar una comisión de apertura o por el trámite realizado, bastante aceptable, además de una tasa de interés considerable por un periodo de tiempo suficiente que les permita recuperar el capital proporcionado y además una cantidad importante de dinero como utilidad. ¡A fin de cuentas si no terminas de pagarles, de todas maneras ya se cobraron mucho más de lo que te prestaron!
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En este sentido es importante resaltar que ninguno de los bienes antes citados representa un activo productivo, es decir, que genere valor a nuestra sociedad, a nuestro estado, a nuestra ciudad o a nuestra economía familiar, al contrario, se trata solamente de bienes de consumo que la deterioran, ya que no permiten el desarrollo empresarial o productivo, la generación de empleos o la contribución al PIB. Y resulta que para la adquisición de este tipo de bienes, definitivamente hay oferta crediticia, es más, hasta sobra.
Ahora viene lo más interesante: ¿Qué pasa cuándo una empresa, sobre todo micro, pequeña, mediana o bien una persona física con actividad empresarial, desean un financiamiento para comprar maquinaria o equipo de vanguardia para su compañía, o necesitan recursos para ampliar su capacidad de producción, incursionar en un nuevo mercado, desarrollar una nueva línea de producto, llevar a cabo un proyecto de inversión, ampliar o modernizar sus instalaciones, construir una nueva nave industrial, hacer investigación científica o tecnológica, etc.?
¡Esto si que es un problema! Aquí sí las instituciones financieras te pedirán hasta el certificado de vacunación del perro para que les demuestres que el activo fijo que deseas adquirir, verdaderamente mejorará la productividad, hará más rentable o competitiva a la empresa, provocará el inicio de las exportaciones, mejorará la calidad de los productos, hará más eficiente la operación, incrementará la ventas, etc. Y si no tienes forma de demostrar lo anterior, te puedes olvidar del apoyo financiero.
En caso de que te hagan el favor y se vean benévolos contigo autorizándote el crédito, te impondrán una serie de condiciones prácticamente imposibles de cumplir y a tasas tan altas que quedan fuera de cualquier expectativa de negocio, pero que les permitirá resarcir el riego tan grande que corre quien, en nuestro país, desea ser un emprendedor.
En este sentido sí aplican las aseveraciones que planteábamos en el principio: el crédito en México está restringido a las grandes empresas o corporativos internacionales, a quienes tienen garantías suficientes para respaldar el pago, a quienes no tienen incumplimientos importantes en el Buró de Crédito Nacional o bien para aquellos que tienen una estructura financiera impecable.
Ahora bien, todo ello tiene también un porqué y lo invito a que lo analicemos en la próxima emisión.
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