|
Una de las noticias de actualidad son los movimientos populares que tienen lugar en Egipto, que piden la renuncia del Presidente de la República Hosni Mubarak.
En esta oportunidad de comunicación y diálogo con los lectores de Enlace México, pretendo dar un enfoque diferente al tema de los individuos que, una vez llegando al poder, le encuentran tantas bondades, que trabajan y luchan para permanecer en el mismo el mayor tiempo posible. El caso del presidente Mubarak no es la excepción.
En el transcurso de mi experiencia profesional como miembro del Servicio Exterior Mexicano, pude estudiar este tipo de fenómenos sociales y políticos. Algunos puntos de vista y mis propias conclusiones pueden ser de utilidad para explicar lo que pasa en algunos países de nuestra América Latina y de otras partes del mundo: Túnez ayer y Egipto hoy.
En los principios de mi carrera diplomática estuve acreditado en Guatemala (1973-1976); en Cuba en misión especial (cuatro meses en 1975); Paraguay (1976-1978); el Perú (1978-1982) y, Polonia (1982-1986). Con esa parte de currículum podría aspirar al doctorado en dictaduras, o de gobiernos de larga duración.
El primer caso que dejó huella en mi percepción de ¿por qué los gobernantes desean permanecer en el poder? Lo experimenté en Paraguay. Resulta que en 1977, el general Alfredo Stroessner, se desempeñaba muy a gusto como Presidente de la República del Paraguay. La constitución de dicho país no permitía la reelección, pero contando con el apoyo mayoritario del Congreso y de las fuerzas vivas del país, cada cuatro años se reformaba la Carta Magna para permitir la reelección de Stroessner, hijo predilecto de las masas.
Ese mismo año, estando como Encargado de Negocios a. i. me tocó acudir a una entrevista con dicho gobernante, para presentarle a nuestro Agregado Militar, que venía de Buenos Aires. En ocasión tan señalada el presidente Stroessner me dijo que admiraba mucho a nuestro país, que sabía mucho de nuestra historia y que su héroe favorito era Porfirio Díaz. El Agregado Militar y el que esto escribe intercambiamos miradas, pero como se trataba de una visita protocolar mostramos buena cara. En seguida el presidente me soltó una pregunta: -¿Cómo cuantos años duró don Porfirio en el poder? -De inmediato le respondo: 30 años el solito y otros cuatro por intermedio de su compadre el también general Manuel González. Otra pregunta de Stroessner: -Señor Encargado de Negocios ¿usted cree que yo lograré superar el tiempo que estuvo en el gobierno Porfirio Díaz? Esta pregunta era un tanto comprometedora. Con cierto aplomo y mucha mano izquierda le contesto: -Señor usted ya lleva 28 años en el poder y todavía se ve bien conservado. No sería nada raro que usted superara al General Díaz.
No obstante mi buen trato diplomático hacia el viejo gobernante, un año después caí de su gracia y casi me expulsan del país, pues tuve la ocurrencia de conceder asilo diplomático a una periodista que junto con otros jóvenes habían escrito algunas críticas en contra del gobierno. Este había respondido con todo el poder y yo le arranqué de las garras a una “traidora” que hacía ver mal al régimen del supremo general, que al final del camino alcanzó más de 35 años gobernando y tras una especie de golpe militar, se refugió en Brasil, donde murió no hace mucho.
De Paraguay fui trasladado al Perú donde “por suerte” gobernaba otro dictador: Francisco Morales Bermúdez, quien accedió al poder al efectuar un golpe militar (1975) en contra del también golpista Juan Velasco Alvarado. Para la fecha de mi llegada el general llevaba tres años gobernando y había disuelto el Congreso, así como el Poder Judicial, gobernaba por decreto presidencial. También durante ciertos periodos suspendió las garantías individuales y decretó el toque de queda.
Puede decirse este fue una de las honrosas excepciones a los gobernantes que borrachos de poder desean permanecer hasta la muerte, pues sin ellos, las cosas no serían iguales. Morales Bermúdez implantó un cronograma llamado “regreso a la civilidad”, que contemplaba la creación de una Asamblea Constituyente y después elecciones libres para un nuevo presidente de la República.
La lista de gobernantes que se eternizan en el poder es muy larga: Anastasio Somoza y compañía en Nicaragua; Francoise Duvallier en Haití; Leónidas Trujillo en República Dominicana; Fidel Castro en Cuba; Augusto Pinochet en Chile; Hugo Chávez, en Venezuela; Francisco Franco en España; Antonio de Oliveira Salazar, en Portugal y muchos otros.
|
|
Resulta todo un reto analizar y tratar de encasillar o clasificar a los gobernantes por los años de permanencia en el poder; o bien, por el tipo de gobierno. Todo ello representa un amplio margen de error: Algunos gobiernos se basan en su Constitución, otros que debilitan o eliminan a los otros poderes, se convierten en dictaduras o dictablandas según actúen. Muchos de ellos son populistas, en el sentido de que cuentan con cierto apoyo popular –muchas veces comprado-. Al respecto, recuerdo palabras de Stroessner, quien decía: -Ustedes son testigos de que la gente me quiere. Yo apadrino a casi todas las generaciones de estudiantes de secundaria para arriba; patrocino un equipo de futbol y tanto la yuca –alimento básico para los paraguayos-, como la carne, están al alcance de la mayoría. -No pues sí… qué más podíamos decir: ¿tienen pan y circo?
En numerosas ocasiones, los colaboradores cercanos de esos gobiernos, se encargan de maquillar la realidad nacional, le presentan al gobernante una imagen ideal del país y de la situación en que vive la gente. Cometen abusos en nombre del supremo gobernante y las élites que se benefician con dicho estado de cosas, callan y aceptan esa realidad, hasta que sus intereses se vean en peligro.
De todas formas, un estudio psicológico profundo no sería ocioso para explicar por qué tantos gobernantes cuando llegan al poder lo hacen convencidos de que las leyes que les permitirán gobernar son las adecuadas y los periodos suficientes para cumplir un programa de gobierno. Pero, pasado el tiempo ellos mismos, su familia, amigos y colaboradores, los van haciendo cambiar: Usted es el elegido; el único que puede cambiar el estado de cosas; el guía que conducirá al país a los niveles que nunca hemos podido alcanzar.
Los gobernantes de piel suave, van permitiendo que tales halagos les vayan penetrando y poco a poco se van convenciendo de tener contacto con el más allá, lo que los guiará a cumplir con la voluntad del pueblo. Otros tienen la piel tan gruesa como los elefantes y todas las críticas y avisos de mal funcionamiento, les “resbalan”, o no logran penetrarles, con lo cual ignoran a sus pueblos y los problemas se van magnificando hasta no tener una fácil solución.
Regresando al caso del presidente de Egipto, se observa que lleva buena parte de su vida formando parte del gobierno de su país. Para no ir muy lejos, durante el gobierno del presidente Anwar al-Sadat y a partir de 1975, Mubarak se desempeñó primero como Vicepresidente de la República y, cuando el primero fue asesinado en pleno desfile militar (1981), lo sustituyó en la presidencia. El periodo presidencial es de 6 años y en 1987 Hosni Mubarak logró la reelección por otro periodo.
Gracias a las modificaciones realizadas a la Constitución de Egipto, en septiembre del 2005, se llevaron a cabo las primeras elecciones presidenciales multipartidistas, en las cuales Mubarak obtuvo la mayoría, con lo cual dio inicio su quinto mandato, cuya finalización está prevista para 2011.
Además de los vicios, abusos de poder y corrupción a los que conlleva una larga permanencia en el poder, existen causas tanto internas, como internacionales, que repercuten en la estabilidad económica, política y social de cualquier país. Egipto no ha estado al margen de la crisis financiera internacional, la que debe de haber tenido sus repercusiones entre los diversos sectores de la población egipcia. Asimismo, en el entorno internacional el gobierno egipcio ha liderado la bandera de los países árabes, cuyos conflictos y tensiones forman parte de las preocupaciones del gobierno y seguido lo enfrentan con otras realidades.
Culminando el presente análisis quedan varias preguntas en el aire: ¿El pueblo egipcio está cansado de Mubarak y sus aliados? Acerca de las movilizaciones populares: ¿Son un aviso de que las fuerzas vivas pretenden llevar al poder a otro líder? ¿Tales movimientos forman parte de una campaña política adelantada?
Por otra parte, el actual gobierno ¿seguirá mostrando que tiene piel de elefante?, o bien, ¿que tiene la sensibilidad suficiente para captar las aspiraciones del pueblo egipcio y permitir una transición pacífica? Veremos cómo evolucionan los acontecimientos y deseamos que la vida y la seguridad de las personas sean respetadas tal como lo demandan los más elevados derechos humanos.
|